En qué creo · Isidora Serrano
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1

La confianza se construye en la acción.

No llega antes de que actúes. Llega después. Primero te mueves, y la certeza se construye ahí.

2

Saber no es suficiente para cambiar.

Y entender por qué no lo es, lo cambia todo. Sabes los efectos de la autocrítica, y aun así no logras ser amable contigo. Sabes los del estrés, y aun así no pones límites. El problema nunca fue que te faltara información.

3

Tu autoexigencia e inseguridad no son un rasgo de personalidad.

Son una forma de activación constante de tu sistema nervioso. Y eso quiere decir algo importante: son algo que se trabaja. Con las herramientas correctas.

4

No nacemos con la capacidad de regularnos por nosotras mismas.

Esta es la parte que casi nadie te cuenta. Se aprende, y se aprende con otra persona al lado. No es un defecto tuyo: es biología.

5

Nada de esto lo inventaste tú.

Las mujeres confiamos menos en nuestras habilidades. No es opinión. Está estudiado.

Aprendiste a esforzarte el doble para demostrar lo que vales. Aprendiste a esconder tus logros y llamarle «humildad». Aprendiste que la ambición es una mala palabra, sobre todo si es femenina. Aprendiste que debías ser perfecta para ser vista.

6

Ambición no es una mala palabra.

Es el foco y la energía para construir la carrera que quieres. Acá la recuperamos como lo que es. Volver a ambicionar es volver a creer.

7

Acá no vas a escuchar que «si quieres, puedes».

Nada de positivismo tóxico. Si con querer bastara, ya lo habrías resuelto: eres de las que quiere mucho y se esfuerza más.

8

Una mujer empoderada inspira a otra mujer a empoderarse.

Una mujer que ocupa su espacio les llega a las que vienen detrás. A los equipos que podría liderar distinto. A las que la están mirando sin que ella lo sepa. Aporta más, llega más lejos de lo que tenía calculado, y sí, puede cambiar el mundo. (¡Sí, soy una romántica empedernida!)

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No dejas de ser empática por poner límites. Todo lo contrario.

Poner límites empodera: le da valor real a tu trabajo, ante ti y ante los demás. Y la culpa que sientes al delegar o al decir que no no es una señal de que estés fallando. Es lo que te enseñaron.

10

También está bien no mostrarte y no brillar.

Visibilizarte no es una obligación más en tu lista. ¿Y si en vez de exigirte mostrarte te permites guardar silencio? Lo que trabajamos no es que brilles todo el tiempo — es que cuando decidas mostrarte, la decisión sea tuya y no del miedo.

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Venimos al mundo a disfrutar, a ser felices y a trascender.

No a rendir. No a aguantar. No a llegar a diciembre arrastrando. Trabajar en ti no es una exigencia más en la lista: es lo que te devuelve el gusto. Una carrera que valga la pena y una vida que disfrutes, al mismo tiempo, sin sacrificar tu salud.

De dónde vengo

No llegué a esto por los libros.

Durante un tiempo, viví algo muy parecido a lo que tú estás viviendo hoy. Me sentía ansiosa y estresada. Los domingos eran especialmente difíciles. Hacía mucho en piloto automático — y me daba cuenta de que no estaba construyendo la vida que quería. Estaba irritable, y quienes más quería lo notaban.

Soy, además, una hija del rigor rehabilitada: sé de memoria cómo se siente la exigencia por dentro, porque la trabajé en mí antes de trabajarla contigo.

Sé exactamente en qué punto estás. Y sé que hay salida.

Un poco de mi trayectoria

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