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¿Por qué me cuesta tanto opinar en las reuniones?
Por Isidora Serrano, psicóloga clínica UC · 18 años de consulta, 10 dedicados a la autoestima profesional femenina
25 de septiembre de 2026
Una tarde, con unas amigas, nos pusimos a revisar las películas de cuando éramos chicas. Y apareció la que hasta ese día era una de mis favoritas: La Sirenita.
Buscamos en YouTube la canción de Úrsula, la bruja, cuando convence a Ariel de entregarle su voz. No la escuchaba hace años.
Casi se me cae el pelo.
La bruja le explica, cantando y con toda la calma del mundo, que no necesita hablar. Que con su belleza basta. Que a los hombres no les gustan las mujeres que conversan mucho.
Nos reímos, sí. Pero a mí me quedó una inquietud que no se fue.
Y años después me encontré con otra frase, esta vez sin música: "calladita me veo más bonita". Les pregunté a amigas, a colegas, a conocidas. Muchas sí la habían escuchado, en algún momento de su vida.
¿Cuál es la tuya? Una película, una frase de la abuela, una profesora que te felicitaba por "portarte bien".

Lo que aprendiste antes de tu primera reunión
Esos mensajes no se quedan en la infancia. Se van contigo a la oficina.
Durante años el sistema se encargó de enseñarnos que debíamos esforzarnos el doble para demostrar lo que valemos. Que mostrar seguridad era arrogancia. Que era mejor ser "humilde" que visible. Que opinar distinto era ser conflictiva. Que la ambición, en una mujer, era una mala palabra.
Y así, en la reunión, pasa esto:
Tienes la idea. La tienes clara.
Esperas el momento perfecto, que nunca llega.
Otra persona dice algo parecido, más fuerte, y la felicitan.
Y tú te vas pensando que debiste haberlo dicho.
Lo que pasa justo antes de hablar
Cuando aprendiste que opinar tiene costo (que te van a ver como agresiva, poco humilde, "difícil"), el miedo aparece justo antes de abrir la boca. Y la forma más rápida de calmarlo es quedarte callada.
Por eso callarte se siente como alivio. Por eso lo repites.
Tu autoexigencia e inseguridad no son un rasgo de personalidad. Son algo aprendido. Y eso se trabaja.
Por qué no se arregla con "atrévete"
Sabes que tu idea es buena, y aun así esperas a que alguien más la diga.
Sabes que tienes derecho a discrepar, y aun así lo suavizas hasta que no se entiende.
Sabes que te preparaste más que nadie, y aun así pides permiso para hablar.
Esto no es un problema de información. Nadie te tiene que explicar que puedes opinar.
La seguridad no aparece mágicamente. No llega una luz divina el lunes a las nueve. La confianza se construye en la acción: hablas con miedo, y la próxima vez el miedo es un poco más chico.
Qué hacer distinto en la próxima reunión
No hablo de tirarte en bungee ni de pararte a dar un discurso. Hablo de pasos chicos:
- Di algo en los primeros diez minutos. Una pregunta, un "estoy de acuerdo con esto por esta razón". Mientras más esperas, más crece el miedo.
- Saca los pedidos de permiso. "No sé si es tonto, pero…", "capaz que me equivoque…". Di la idea sin el paraguas.
- Nota el miedo sin obedecerlo. Que te dé nervio no es señal de que vas a decir algo malo. Es lo que aprendiste, repitiéndose.
- Anota después lo que sí pasó. No lo que temías. Lo que pasó. Esa evidencia se la come la autocrítica si no la escribes.
Ocupar tu lugar
No son los ascensos. No son los aumentos de sueldo. No es que te feliciten en la reunión.
Lo que más me emociona de este trabajo es ver a una mujer ocupar su lugar en el mundo. Con su voz, con su estilo, sin dejar de ser quien es. Sin tener que volverse otra para que la escuchen.
Preguntas frecuentes
¿Es timidez?
No necesariamente. Muchas mujeres que no opinan en reuniones hablan perfecto en otros espacios. Lo que cambia es el miedo que aparece en ese contexto: a equivocarte delante de otros, a que te juzguen.
¿Tiene que ver con el síndrome de la impostora?
Muchas veces sí. Si sientes que en cualquier momento se van a dar cuenta de que no sabes tanto, hablar es arriesgarte a que "te pillen". Callarte parece más seguro.
¿Se puede trabajar?
Sí. Es de lo que más trabajo en mi programa individual, Feliz y Segura con tu Carrera: dos meses, siete sesiones conmigo.