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Me va bien en el trabajo, pero nunca siento que sea suficiente

Por Isidora Serrano, psicóloga clínica UC · 18 años de consulta, 10 dedicados a la autoestima profesional femenina

25 de septiembre de 2026


Postulé al reconocimiento Mujeres que Inspiran del Banco de Chile.

Y postulé como se postula cuando una no se lo cree del todo: por si acaso. A la ceremonia me conecté igual, por si acaso, sin esperar nada.

Y escuché mi nombre.

Grité. Después lloré. Todavía me acuerdo y me vuelvo a emocionar.

Pero hay una parte de esa historia que no sale en la foto. Las semanas antes yo andaba con la voz crítica dando vueltas. Preguntándome quién era yo para postular a algo así. Con más de quince años de consulta encima.

Te lo cuento porque me imagino que tú también tienes tu versión. Algo tuyo, con nombre y con fecha, que lograste y que igual te costó creerte.

Isidora Serrano ofreciendo una flor

El logro que te dura tres días

Acuérdate del último logro grande que tuviste. Y cuenta cuántos días te duró.

Tres. Capaz cuatro. Y a la semana ya estabas en el pendiente siguiente, con la misma sensación de siempre.

No es que no lo hayas disfrutado.

Es que ese logro no estaba diseñado para llenarte. Estaba diseñado para calmar un miedo.

El que aparece cuando quieres dar una opinión en una reunión.

El que aparece cuando ascienden a alguien más.

El que aparece cuando no te atreves a negociar tu sueldo.

El que aparece el domingo en la noche, frente a otra semana.

Por qué el logro no te llena

Esto tiene nombre, no es algo que yo esté inventando. Paul Gilbert, el psicólogo que desarrolló la terapia centrada en la compasión, describe tres sistemas que regulan cómo nos sentimos:

  • El de amenaza. Detecta peligro y responde rápido, con miedo, ansiedad o rabia. Es el más antiguo, y por eso una crítica pesa más que diez elogios.
  • El de logro. Desear, conseguir, avanzar. Es buenísimo: sin él no estarías donde estás.
  • El de calma. La sensación de estar bien tal como están las cosas.

Cuando el logro se pone al servicio de la amenaza, rindes muchísimo y vives en piloto automático: terminas una cosa y ya estás en la siguiente, sin pasar por el disfrute. Cada logro sirve para calmar el miedo un rato. Gilbert lo describe como la diferencia entre buscar crecer y buscar validación: por fuera se ven idénticas, pero una te lleva hacia algo y la otra te saca de algo. Una te llena. La otra te alivia tres días.

Y fíjate qué lo empeora: la autoexigencia, la autocrítica, la sobrecarga (el ruido, la pantalla, el día largo) y no dormir. Con eso, cualquier desafío se siente más grande de lo que es.

No es culpa tuya, y ahora es tu responsabilidad

Estas dos frases van juntas. Sueltas hacen daño.

No es culpa tuya que ese miedo sea tan fuerte.

No es culpa tuya que hayas aprendido a rendir para calmarlo.

No es culpa tuya que un logro te dure tres días.

Y ahora que lo sabes, lo que haces con eso sí es tuyo. No como una exigencia más (de esas ya tienes suficientes), sino como algo que por fin se puede mover.

La buena noticia es que esto NO es un rasgo de personalidad. Es algo que aprendiste. Y se trabaja.

Qué hacer distinto

La calma no es el premio del final. Crees que el orden es primero lograr y después permitirte estar bien, y es exactamente al revés: si no estás tranquila, no conectas con el logro. Te vas al piloto automático y a la sobrecarga.

Tres cosas para empezar:

  1. Pregúntate para qué estás logrando. No qué te falta lograr: qué te mueve a lograrlo. ¿El sentido de lo que haces, o demostrar que eres suficiente?
  2. Escucha cómo te hablas cuando algo sale bien. Si lo primero que aparece es "sí, pero…", ahí está el miedo hablando.
  3. Registra la evidencia. Con fecha. Lo que lograste, lo que te dijeron, lo que resolviste. La evidencia que no se anota, se la come la autocrítica.

Y ojo: saberlo no alcanza.

Sabes los efectos de la autoexigencia, y aun así no logras soltarla.

Sabes que una crítica no borra diez elogios, y aun así te quedas con la crítica.

Sabes que el logro fue tuyo, y aun así lo primero que aparece es "sí, pero…".

No es falta de ganas. Es que hay nudos que no se desenredan solas.

Preguntas frecuentes

¿Es normal sentir que nunca es suficiente aunque me vaya bien?

Es muy frecuente, sobre todo en mujeres profesionales con alto rendimiento. Frecuente no significa que tengas que quedarte ahí.

¿Esto es síndrome de la impostora?

Puede ser parte. El síndrome de la impostora es sentir que no mereces lo que lograste. Lo que describo acá es un paso anterior: por qué logras y por qué el logro no te llena.

¿Con quién lo trabajo?

Con una profesional de la salud mental. Yo lo trabajo como psicóloga clínica, en un programa individual de dos meses, Feliz y Segura con tu Carrera.

Si eres de las valientes, de las que hacen mucho y lo hacen bien, y estás lista para dejar atrás el logro que te dura tres días, el "sí, pero…" y la angustia del domingo en la noche, te invito a postular a tu Sesión de Claridad. 45 minutos conmigo, por videollamada.

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