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Cómo dejar de ser tan autocrítica

Por Isidora Serrano, psicóloga clínica UC · 18 años de consulta, 10 dedicados a la autoestima profesional femenina

25 de septiembre de 2026


En 2017, cuando empecé mi primer blog, llevaba más de un mes postergando el primer artículo.

Me decía que faltaban detalles. Que las fotos no estaban como yo quería. Que no sabía bien sobre qué escribir.

Y unos meses después, escribiendo justamente sobre este tema, borré el primer párrafo tres veces.

Porque no me gustaba y, esa era la razón de fondo, porque me moría de miedo de no hacerlo bien. De que no fuera suficiente. De equivocarme.

Escribiendo sobre la voz crítica, con la voz crítica sentada al lado, dictándome.

Tú también la conoces. La que aparece justo cuando vas a mandar el informe, a presentar, a postular. La que te dice "¿y quién te crees?".

Isidora Serrano, en blanco y negro

Qué es la autocrítica, de verdad

Todas las personas tendemos a la autocrítica. Todas. No es tu defecto de fábrica ni tu tema personal. Es humano.

Esto tiene nombre, no es algo que yo esté inventando. Paul Gilbert, el psicólogo que desarrolló la terapia centrada en la compasión, lo llama nuestra humanidad compartida: nos pasa a todas. Y explica que la autocrítica activa el sistema de amenaza, el mismo que responde frente a un peligro de afuera: con miedo, estrés y angustia.

El tono con el que nos hablamos es muy duro. Y eso es lo mismo que decirte palabras feas. (Sí, criticarte es una agresión.)

Si otra persona te dijera lo que tú te dices en un día normal, te alejarías de ella. Pero esa voz vive contigo, y habla muchas veces al día, sin que nadie más se entere.

Por qué no sirve pelearle

Lo sabes todo sobre la autocrítica. Y aun así, no te sale soltarla.

Cuando intentas callar la voz a la fuerza, se vuelve una pelea contigo misma. Y en una pelea, el estrés sube.

Por eso el camino va por otro lado: cambiar cómo te relacionas con ella.

Cinco pasos para cambiar cómo te hablas

1. Escúchala. Suena raro, pero es el primer paso. ¿Qué te dice? ¿Cuáles son sus frases de siempre? "No soy capaz." "No sé lo suficiente." "Si me equivoco van a pensar que no sirvo." Anótalas.

2. Ponle nombre. El que quieras, idealmente uno que tenga que ver con cómo es. Yo a la mía le digo la Isi autocrítica y exigente. Cuando la nombras, dejas de confundirla contigo: ya no eres tú pensando que no sirves, es ella diciendo lo de siempre.

3. Entiende qué te quiere cuidar. Esa voz, de una forma muy torpe, intenta protegerte. De equivocarte, del ridículo, del rechazo. Puedes hablarle con compasión: "Sé que te mueres de miedo con este proyecto nuevo. Te entiendo." Aceptarla no es darle la razón. Es sacarla del mando.

4. Contrasta con los hechos. Pregúntate: ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Es real, o es la espiral catastrófica? ¿Qué evidencia tengo a favor, y cuál en contra? La autocrítica lleva la contabilidad con dos criterios: los logros son suerte, los errores son tuyos.

5. Actúa. Con la voz al lado. La confianza se construye en la acción. Mandas el informe, presentas, postulas. Y recién después te das cuenta: "Ah, parece que sí podía."

Un ejercicio para esta semana

No requiere una aplicación.

No requiere levantarte a las cinco de la mañana.

No requiere un cuaderno bonito.

Pero sí requiere algo que muchas veces olvidamos: detenerte.

Cada noche, antes de dormir, anota tres cosas que hiciste en el día y que te agradeces. Acciones concretas, por ti o por otras personas. Por chicas que parezcan.

Ojo: la voz va a aparecer. Te va a decir que eso no cuenta, que es muy básico, que deberías hacer cosas más grandes. Dile con cariño que este no es su momento.

Prueba este ejercicio mañana.

No el próximo lunes.

No cuando tengas más tiempo.

Mañana.

Preguntas frecuentes

¿La autocrítica me ayuda a ser mejor en mi trabajo?

Es lo que muchas creen, y por eso cuesta soltarla. La autocrítica te mantiene en alerta, y en alerta te cuesta aprender, crear y decidir. Lo que ayuda a mejorar es mirar tus errores con información, no con castigo.

¿Tratarme con compasión no es ser complaciente?

No. La compasión no es decirte que todo está bien. Es poder mirar lo que no salió sin atacarte, para poder hacer algo distinto.

¿Por qué me incomoda hablarme bonito?

Tiene nombre y está estudiado: miedo a la compasión. Si te da pudor o te suena a mentira, no lo estás haciendo mal. Es parte del proceso.

Si eres de las que ven con claridad el valor del trabajo de otras y estás lista para dejar atrás el informe revisado cinco veces, el "¿y quién te crees?" y a esa voz sentada en el mando, te invito a postular a tu Sesión de Claridad. 45 minutos conmigo, por videollamada.

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